Extranjero, extranjera.

Según la RAE:

1. adj. Dicho de un país: Que no es el propio.

2. adj. Natural de un país extranjero.

3. adj. Propio de una persona extranjera. Acento extranjero.

4. adj. Perteneciente o relativo a un país extranjero o al conjunto de ellos. Inversiones extranjeras.

Joder.

¿En serio reducen la extranjería a esto?


Ser extranjero o extranjera no solo es vivir en un país que no es el tuyo.

Quizá por eso nadie se cuestiona las fronteras, no se adentra en las culturas y no comprende la verdad.

Y ojo.

La verdad puede resultar incómoda.

Quizá por eso pocos se atreven a conocerla.

Quizá por eso nos falta un brújula que no solo se guíe por banderas.


Soy María, nací en Andalucía y no me siento de ningún país.

Fui extranjera en Perú 3 años.

Allí conocí a mi pareja, Daniel, y me di cuenta de que nos hemos creído muchos cuentos sobre nacionalidad, fronteras y pasaportes que no son verdad.

Y si la RAE no aspira a mejorar el término en una definición de diccionario, quizá la brújula que ambos construimos cada día te ayude a abrir los ojos.

La extranjería real cuestiona el mundo y no encaja en ninguna sociedad.

Pica —y mucho— a las administraciones.

Y revive el alma, revuelve el cuerpo y prende el corazón.

En esta bitácora escribimos cartas breves sobre la extranjería real.

Incluyen el día a día de una pareja peruano-española (nosotros), viajes reales hacia dentro y hacia fuera —no todo es turismo, por favor— y un buen puñado de curiosidades culturales que:

  1. rompen los esquemas
  2. abren la mente
  3. nos convierten en personas más conscientes, más libres y más ricas.

¿Por qué?

No todo es sacarse una foto bonita para subirla a redes, y que todo el mundo crea que vivir «fuera» (ya veremos qué es esto de fuera, en realidad) es una puñetera maravilla.

O que vives de puta madre cuando eres extranjero.

Ambos hemos sido (y seguimos siendo) extranjeros, y cada cual lo vive diferente.

En el caso de Daniel…

«Viajar a España «pareció» una gran oportunidad. Sin embargo, hacerlo y quedarme a vivir supuso darme cuenta de que la vida es dura en todos los sitios, aunque nos vendan lo contrario.

Las miradas inquisitivas de ciertos vecinos.

Los trámites burocráticos retardados.

El nerviosismo y el temor frente al señor polícía, con el pasaporte no europeo, en la frontera.

Todo me hizo ver una curiosa brecha de desigualdad que no me esperaba.

Por otra parte, no es lo mismo lucir la bandera nacional en Perú que pasearla en España, ni abrazar a tu familia a verla por videollamada.

Darte cuenta, integrarlo y compartirlo es el auténtico viaje.

Es lo que te hace crecer».

En mi caso…

Tras entregarme a la extranjería para tratar de ser una más en un país ajeno, y entender que mi DNI español no define quién soy, he aprendido que:

  • No soy de España.
  • No soy de Andalucía.
  • Y tampoco soy de Linares, aunque allí me pariera mi madre.

Posiblemente tú tampoco lo seas.

Eso sí.

Pertenecemos a un clan por el que deberíamos ser libres.

Nosotros lo somos.

Y si quieres saber cuál es y comprender a qué me refiero cuando hablo de LIBERTAD:

Posdata.

Esta es una newsletter un poco distinta a lo que he visto hasta ahora por ahí.

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Y no.

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